El empleo formal en la era Milei registró una marcada contracción desde el inicio de la gestión libertaria, con más de 340.000 puestos registrados perdidos al considerar distintas ramas del sector privado y la reducción del empleo estatal. En paralelo, crecieron el trabajo informal, el monotributo y otras modalidades independientes.
El escenario volvió a cobrar relevancia en torno a la festividad de San Cayetano, que cada 7 de agosto reúne a miles de personas que se acercan a pedir y agradecer por “pan y trabajo”. Los indicadores muestran una transformación del mercado laboral desde fines de 2023, caracterizada por una reducción del empleo asalariado registrado y una expansión de modalidades de trabajo por cuenta propia o sin registración.

La evolución contrasta con la lectura que hizo el Gobierno nacional. Durante la cena de la Fundación Libertad del pasado 28 de abril, el presidente Javier Milei exhibió un gráfico que marcaba un incremento neto de 113.000 puestos entre el cuarto trimestre de 2023 y el mismo período de 2025. Sin embargo, el propio cuadro mostraba que en ese lapso habían caído 241.000 empleos registrados y aumentado en 346.000 los trabajadores independientes.
El último informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), elaborado sobre estadísticas oficiales, calculó que desde la asunción de Milei desaparecieron 28.262 empleadores y se perdieron 341.396 puestos de trabajo registrados, publicó C5N. La reducción alcanzó tanto al sector privado como al público y estuvo acompañada por fuertes diferencias según la actividad económica.
Construcción, industria, comercio y actividades inmobiliarias aparecieron entre los sectores más afectados. En particular, la construcción sufrió el impacto de la paralización de la obra pública financiada por Nación y del menor nivel de actividad inmobiliaria, mientras que la industria manufacturera acumuló una reducción superior a los 49.000 puestos, con efectos sobre rubros textiles, confección, calzado y metalmecánica.

En contraste, algunas actividades mostraron una evolución positiva. Entre ellas se ubicaron el agro, con un crecimiento del 5,1%; finanzas, con 2,4%; minería y petróleo, con 1,4%; y electricidad, gas y agua, con 1,13%. Sin embargo, esos sectores representan una porción comparativamente menor del empleo registrado y no lograron compensar las bajas verificadas en otras ramas.
Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec para los 31 aglomerados urbanos indicaron que la tasa de desocupación alcanzó el 7,8% durante el primer trimestre de 2026. El registro representó una reducción de apenas 0,1 punto porcentual respecto de igual período del año anterior.
La relativa estabilidad de la desocupación convivió, sin embargo, con una modificación en la calidad del empleo. De acuerdo con los informes citados, una parte de quienes dejaron puestos registrados encontró ocupación bajo modalidades informales, independientes o mediante el monotributo, por lo que el comportamiento de la tasa de desempleo no reflejó por sí solo el deterioro del trabajo formal.

En ese sentido, entre el primer trimestre de 2024 y el mismo período de 2026 se generaron unos 603.600 puestos no registrados, mientras que se destruyeron alrededor de 246.000 empleos registrados. La evolución expuso un desplazamiento desde relaciones laborales con aportes y cobertura social hacia modalidades con menores niveles de protección.
La tasa de empleo no registrado llegó al 44,2% durante el primer trimestre de 2026, el nivel más elevado de los últimos tres años. El porcentaje representó un incremento de 2,2 puntos frente al mismo período de 2025 y de 3,4 puntos en comparación con 2023.
Otra señal de la transformación estuvo vinculada al crecimiento del monotributo. Entre noviembre de 2023 y marzo de 2026 se contabilizaron 165.542 altas adicionales. Los análisis económicos interpretaron parte de ese incremento como consecuencia de trabajadores que buscaron complementar sus ingresos o reemplazar empleos asalariados perdidos.
Ese fenómeno fue definido en algunos estudios como “emprendedurismo de supervivencia”: actividades independientes que no necesariamente surgieron de una expansión de oportunidades productivas, sino como alternativa ante la pérdida de empleos formales o la necesidad de sumar ingresos para sostener los hogares.

El informe publicado en julio, elaborado con datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) actualizados hasta abril, mostró además que el impacto empresarial estuvo fuertemente concentrado en establecimientos de menor tamaño.
Según ese relevamiento, el 99,77% de los empleadores que dejaron de registrar trabajadores tenían hasta 500 empleados. Se contabilizaron 28.196 casos dentro de ese segmento, frente a 66 empleadores con dotaciones superiores a 501 trabajadores.
Entre los factores señalados por los informes para explicar la contracción aparecieron la eliminación o reducción de subsidios, el menor nivel de inversión en actividades tradicionales, la caída del consumo, los cambios en las condiciones laborales y el eventual traslado de trabajadores hacia la informalidad. Las consecuencias se observaron no solamente en la cantidad de puestos, sino también en salarios, beneficios sociales y estabilidad.

El Estado nacional también profundizó su reducción de personal. Según los últimos datos del Indec, durante junio se eliminaron otros 1.656 puestos, una disminución del 0,6% respecto de mayo.
Desde diciembre de 2023, la dotación comprendida en las estadísticas oficiales pasó de alrededor de 341.500 trabajadores a 271.696 en junio de 2026. De esa manera, la reducción acumulada se acercó a los 70.000 empleos públicos desde el comienzo de la actual administración.
Las bajas estuvieron asociadas a contratos que no fueron renovados, retiros voluntarios, jubilaciones sin reemplazo y procesos de cierre, transformación o achicamiento de organismos y empresas estatales. La reducción de la estructura pública constituye uno de los objetivos centrales de la política de ajuste que el Gobierno identificó bajo el concepto de “motosierra”.

Al considerar conjuntamente la pérdida de empleo asalariado privado registrado y la reducción del sector público, las diferentes mediciones ubican la contracción acumulada del trabajo formal en cientos de miles de puestos desde fines de 2023. Al mismo tiempo, crecieron los trabajadores independientes y las ocupaciones informales.
El Gobierno sostuvo que la expansión de modalidades independientes debe contabilizarse al analizar la evolución general del empleo y reivindicó las reformas impulsadas para modificar el mercado laboral, publicó C5N. Los estudios críticos, en cambio, señalaron que el crecimiento del cuentapropismo no compensó en términos de calidad, estabilidad y derechos la destrucción del trabajo asalariado formal.
En ese contexto llegó una nueva celebración de San Cayetano, patrono del pan y del trabajo. Mientras miles de fieles volvieron a acercarse a pedir por una fuente laboral, las estadísticas mostraron uno de los principales desafíos de la economía argentina: no solamente generar ocupación, sino recuperar puestos registrados y revertir el avance de la informalidad.
Con Elonce