La creación de empresas cayó a niveles de la crisis de 2001-2002 y las nuevas aperturas no alcanzaron a compensar el cierre de compañías registrado en Argentina. Un informe de C-P Consultores advirtió que el fenómeno se produjo en paralelo con la reducción del empleo formal y el achicamiento de las plantillas de las firmas que continuaron en actividad.
De acuerdo con datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) citados en el relevamiento, desde el comienzo de la gestión de Javier Milei se perdieron 28.262 empresas con al menos un trabajador registrado, lo que representó una disminución del 5,5%. Durante el mismo período desaparecieron 341.396 puestos de trabajo formal.
El fenómeno afectó principalmente a pequeñas y medianas empresas. A la reducción del número de empleadores se agregó una tasa de cierre de compañías cercana al 3,8%, porcentaje que, según la comparación realizada por la consultora, se encuentra en niveles similares a los observados durante la pandemia de coronavirus en 2020.

Uno de los indicadores que generó mayor preocupación en el informe fue la baja cantidad de nuevas compañías. La tasa de apertura descendió hasta registros comparables con los observados durante la crisis económica y social de 2001 y 2002.
«La tasa de apertura de nuevas empresas está en los niveles de la crisis de 2001-2002, coherente con una economía anémica, un proceso de ajuste acumulado importante y con grandes dificultades para crear un horizonte hacia adelante, aún dentro del mundo empresario», sostuvo C-P Consultores.
La creación de compañías es considerada un indicador relevante para analizar la capacidad futura de recuperación de la actividad económica, debido a que las nuevas inversiones pueden ampliar la capacidad productiva y generar puestos de trabajo. En el escenario actual, las aperturas no alcanzaron para reemplazar a las firmas que abandonaron sus actividades.

El informe señaló que la dinámica registrada tampoco se correspondió con el concepto de «destrucción creativa» desarrollado por el economista Joseph Schumpeter. Esa teoría plantea que la desaparición de determinadas empresas puede formar parte de una transformación económica cuando nuevos sectores, tecnologías o compañías reemplazan a los anteriores.
Según el análisis de C-P, actualmente se observa una situación diferente: mientras aumentaron los cierres, disminuyó simultáneamente la creación de nuevas compañías. Por ese motivo, la consultora consideró que el comportamiento estuvo más asociado a una contracción del entramado productivo que a una transformación entre sectores.
«En lugar de una economía en reestructuración, donde los sectores nuevos reemplazan a los viejos, el sector formal atraviesa un proceso de ajuste estructural», afirmó el reporte al analizar la evolución de las empresas y del empleo registrado.

El deterioro del mercado laboral no estuvo explicado únicamente por el cierre de establecimientos. Las compañías que permanecieron operativas también redujeron sus planteles, una situación que tuvo una incidencia considerable sobre el número total de trabajadores registrados.
Según datos del Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial analizados por C-P Consultores, aproximadamente el 75% del empleo formal corresponde a compañías que continúan funcionando. Por este motivo, las decisiones de esas empresas de disminuir personal explicaron una parte importante de la caída observada en el mercado laboral.
A esa reducción se sumaron dos movimientos simultáneos: un sendero creciente de cierres y una baja cantidad de nuevos emprendimientos. La combinación dificultó la recuperación de los puestos registrados que desaparecieron durante el período analizado.
Otro aspecto destacado por el relevamiento fue que la menor creación de empresas no quedó concentrada en una actividad determinada. El fenómeno alcanzó prácticamente a todo el entramado productivo, incluyendo industria, comercio, hoteles y restaurantes, transporte y diferentes ramas de servicios.
«La película del último año muestra una economía en contracción, en la que las empresas se achican desvinculando personal, hay un sendero creciente de cierre de empresas y un nivel de apertura tan bajo como si estuviéramos en la crisis macroeconómica más grande de nuestro país: 2001-2002», sostuvo el informe.
Desde la consultora remarcaron que una de las diferencias respecto de otros procesos de transformación económica radicó en la ausencia de suficientes proyectos nuevos que puedan compensar las compañías que cerraron o redujeron sus estructuras. Esto también condicionó las posibilidades de creación de empleo formal.

Más allá de las consecuencias directas sobre el mercado laboral, el estudio interpretó la baja tasa de apertura como un indicador de las expectativas de los empresarios respecto de la evolución futura de la economía argentina, publicó Ámbito.
Si bien la inflación mostró una desaceleración frente a los máximos alcanzados durante 2024, el informe indicó que el estancamiento de los ingresos condicionó la demanda. Ese escenario, según el análisis privado, generó dificultades para proyectar niveles de rentabilidad y desalentó la puesta en marcha de nuevos emprendimientos.
De esta manera, la combinación entre cierres, reducción de personal y escasas aperturas configuró un escenario de contracción del sector formal. La evolución de estos indicadores será clave para determinar si una eventual recuperación de la actividad consigue traducirse en nuevas inversiones, empresas y puestos de trabajo registrados.
Con Elonce