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Cierre de comercios: preocupación por las persianas bajas y el impacto en la actividad comercial de Concepción del Uruguay

Concepción del Uruguay, como ciudad argentina, atraviesa un escenario que genera preocupación entre comerciantes y vecinos: en distintos sectores de la ciudad se multiplican los locales que anuncian liquidaciones, cierres y el final de sus actividades. Detrás de cada persiana que baja hay historias de trabajo, inversiones y proyectos que, en muchos casos, no lograron sostenerse ante el actual contexto económico.

En el último tiempo, son varios los comercios que han reducido su actividad, se trasladaron a espacios más pequeños o directamente dejaron de funcionar.
Los carteles de “liquidación por cierre”, “últimos días” y “cerramos” comenzaron a formar parte del paisaje cotidiano de diferentes zonas de Concepción del Uruguay.
La situación no solo afecta a quienes llevan adelante los emprendimientos. Cada cierre también tiene consecuencias sobre trabajadores, proveedores y otros sectores vinculados a la actividad comercial.
Para muchos comerciantes, sostener un negocio implica afrontar de manera permanente gastos de alquiler, servicios, impuestos, salarios, mercadería y compromisos con proveedores. Cuando los ingresos dejan de alcanzar para cubrir esos costos, aparecen decisiones difíciles: reducir stock, achicar estructuras, prescindir de personal, cambiar de local o, finalmente, bajar la persiana.
Una vecina y comerciante de la ciudad, Candela Tanarro, decidió expresar públicamente su preocupación por esta realidad. En un escrito que compartió bajo el título “La ciudad fantasma”, puso el foco en el impacto humano que existe detrás de cada comercio que cierra.
Tanarro contó que, al recorrer el centro para realizar un trámite, comenzó a observar los distintos locales con carteles que anunciaban su cierre. Esa imagen, relató, la llevó a pensar en los años de esfuerzo, sacrificio e inversión que existen detrás de cada emprendimiento.
“Un comerciante no cierra solamente una puerta. Cuando baja la persiana, muchas veces siente que está cerrando una parte de su vida”, expresó en su reflexión.
La comerciante también señaló que esta situación no le resulta ajena y que su propia actividad la llevó a tomar decisiones difíciles para poder continuar. En ese sentido, buscó transmitir un mensaje de acompañamiento hacia quienes atraviesan dificultades similares.
El planteo vuelve a poner en escena la realidad del comercio local y la preocupación por la pérdida de actividad en las calles de la ciudad. Mientras tanto, detrás de cada local vacío permanece la historia de quienes alguna vez apostaron por un proyecto propio.

El escrito de Candela Tanarro

LA CIUDAD FANTASMA
El otro día tuve que ir a hacer un trámite al centro y hubo algo que me dolió profundamente.
Empecé a mirar los locales.
Uno por uno.
“LIQUIDACIÓN POR CIERRE.”
“ÚLTIMOS DÍAS.”
“CERRAMOS.”
Y detrás de cada cartel no vi simplemente un negocio que cierra.
Vi sueños que se están apagando.
Me quedé mirando las caras de las personas detrás de esos mostradores y pensé…
¿Cuánto habrá costado llegar hasta ahí?
¿Cuántas cosas habrán vendido para juntar el dinero?
¿Cuántos ahorros habrán puesto?
¿Cuántas veces habrán escuchado “¿y si no funciona?” y aun así se animaron?
Quizás vendieron una moto.
Un auto.
Usaron los ahorros de toda una vida.
Porque emprender muchas veces significa eso: apostar todo lo que tenés por un sueño.
El sueño de tener algo propio.
De salir adelante.
De darle una vida mejor a tus hijos.
De no depender de nadie.
De poder decir algún día:
“Esto lo construí yo.”
Y después llega la realidad.
Las ventas bajan.
Los costos suben.
Los alquileres aumentan.
Los impuestos, los servicios, los sueldos, los proveedores…
Y empezás a hacer cuentas una y otra vez.
Hasta que llega ese momento que ningún comerciante quiere vivir:
“Ya no me dan los números.”
Y ahí empieza el achique.
Locales más chicos.
Menos empleados.
Sucursales que se cierran.
Menos stock.
Menos inversión.
Más deudas.
Más preocupaciones.
Y lo peor es que muchas veces no cerrás porque no tengas ganas de trabajar.
Cerrás porque ya no podés sostenerlo.
Lo digo como comerciante y con conocimiento de causa.
Nos está pasando.
A nosotros también nos tocó achicarnos, tomar decisiones difíciles, dejar cosas atrás y preguntarnos todos los días cómo seguir.
Y hay algo que quizás quienes nunca tuvieron un comercio no llegan a entender:
Un comerciante no cierra solamente una puerta.
Cuando baja la persiana, muchas veces siente que está cerrando una parte de su vida.
Porque ahí adentro quedaron años de esfuerzo.
Quedaron madrugadas.
Quedaron sacrificios.
Quedaron discusiones familiares.
Quedaron noches sin dormir.
Quedaron ilusiones.
Y también quedó una pregunta que te persigue todo el tiempo:
“¿Cómo hago para seguir?”
¿Cómo pago el alquiler?
¿Cómo cubro los cheques?
¿Cómo pago a mis empleados?
¿Cómo compro mercadería?
¿Cómo sostengo mi casa?
¿Cómo hago para no bajar la persiana?
Y mientras tanto, salís a la calle y ves cada vez más locales vacíos.
Una ciudad sin comercios es una ciudad que pierde vida.
Y eso es lo que más tristeza me da.
Porque siento que, de a poco, nuestra ciudad se está convirtiendo en una ciudad fantasma.
Por eso hoy quiero abrazar a cada comerciante que está luchando en silencio.
 Al que abre aunque no sabe cómo va a terminar el mes.
 Al que tiene deudas y no lo cuenta.
 Al que está pensando en cerrar.
 Al que despidió a alguien y todavía siente culpa.
 Al que se está achicando para poder sobrevivir.
Al que todos los días se pregunta si vale la pena seguir.
No están solos.
Yo también estoy ahí.
Yo también tengo miedo.
Yo también hago cuentas.
Yo también me preocupo.
Yo también tengo días en los que no sé cómo seguir.
Pero seguimos.
Porque detrás de cada persiana hay una historia.
Y detrás de cada comerciante hay una persona que alguna vez tuvo un sueño.
Ojalá podamos recuperar el movimiento.
Ojalá vuelvan los clientes.
Ojalá vuelvan las oportunidades.
Ojalá podamos volver a crecer.
Porque no queremos una ciudad de persianas bajas.
Queremos una ciudad viva. 
Una ciudad donde emprender vuelva a ser un sueño y no una lucha diaria por sobrevivir.
Candela Tanarro

 

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