El hecho ocurrió entre las 4 y media y 5 de la mañana de esta Navidad.
Una persona llegó a la Guardia del Hospital Urquiza con muchos vómitos, y sintiéndose muy débil. La recibieron en la recepción y tras esperar por 20 minutos, y siguiendo con vómitos sin parar, reclamó en ventanilla.
Le dijeron que golpee y le pregunte al guardia por los médicos. El guardia la envío nuevamente a que consulte con la persona de la ventanilla de guardia.
La persona sintiéndose mal, decidió golpear la puerta del consultorio y lo hizo tres veces con espera, pero nunca salió nadie. Ningún médico de guardia respondió ni obtuvo una respuesta.
Las 4 personas que estaban en la guardia esperando también para ser atendidas le dijeron que hacía más de media hora que esperaban.
La persona que buscaba atención médica volvió a la ventanilla y pidió los datos del médico de guardia y se lo negaron.
Igualmente, quien estaba atendiendo en la ventanilla, levantó el tubo del teléfono para llamar supuestamente al médico de guardia y nunca contestó nadie.
Tampoco quisieron darle los datos del médico que debía estar en la guardia ni del jefe de guardia.
Como a medida que pasaba el tiempo se sentía peor, esta persona contó que fue a la Clínica Uruguay pero estaba cerrada.
Concurrió a Alerta y no la atendió nadie.
Recién recibió atención en la emergencia Vida, habiendo pasado por tres instituciones de salud sin poder dar con algún médico de guardia.
Desde la familia afectada nos cuentan que creen que el médico pudo estar en una emergencia, pero no se puede aceptar que no quede otro.
Se supone que si hay una guardia, debe quedar un médico para atender las emergencias.
Y en caso que haya estado con una, es válido también que le informen a la persona que necesita atención, así sabe que hay alguien atendiendo.
Por suerte esta persona evolucionó bien, pero la reflexión es qué pasaba si se trataba de una emergencia donde la atención en los primeros minutos es fundamental para salvar vidas.