El joven quedó registrado cuando saltaba con su bicicleta del alero a la pendiente tobogán de cemento ubicada en el lateral del atrio.
Sus caídas en marcha a toda velocidad pusieron a prueba su capacidad de maniobrar el rodado.
El joven, al igual que otros que fueron visto haciendo estas prácticas, pusieron en riesgo su integridad. Pero además provocaron el repudio de vecinos por utilizar un lugar privado para hacerlo, y sobre todo, por tratarse de un templo, con lo que esto significa.